4.2.09

La mari del pueblo

Palabra de: Pueblerino Cool |

Era un niño feliz. Hasta los 10 u 11 años lo fue. A partir de ahí su vida se complicó. “¡Marica!”, lo llamaban los niños de su colegio. Él no entendía muy bien por qué. Quizá era porque no le gustaba el fútbol o porque jugaba a juegos de niñas como la comba. Sí, era por eso. Así que, como era rechazado por los machos del colegio, se refugió en sus amigas, que eran mucho más refinadas que ellos. Jugaba a cambiar cartas de olor y se dedicaba a soñar que era un príncipe y que tenía un caballo blanco. Más tarde se daría cuenta de que no sería él quien cabalgara... Pero, en aquel momento, no pensaba en nada de eso. Iba creciendo y, a pesar de los insultos que a veces recibía, se mostraba alegre.

Por aquel entonces, comenzó a masturbarse. No recuerda muy bien en quién pensaba para llegar al final, pero al pasar los años cada vez lo tiene más claro.

Fue creciendo y llegó a la etapa de los 14 años. Éste fue su resurgir. Sus amigas comenzaron a desarrollarse y los insultos de los machos de antaño cesaron y se transformaron en envidia por no poder ser ellos los que estuvieran cerca de aquellas bellezas. Se daba cuenta de que era diferente, de que los bultos que tanto le gustaban a los demás a él le gustaban a la altura de la cintura. ¡Se moría por pillar uno bien grande! Pero era mejor no decir nada, estaba convencido. Comenzó a llevarse bien con los que antes le insultaban y a hacerse popular en su clase y en su pueblo en general. Era amigo de todos. Aunque en realidad, el amigo de todos no era él, sino alguien que se le parecía, alguien que tenía un secreto muy bien guardado.

Ya era hora de que le empezaran a gustar las mujeres, pensaba. “¿Qué tal con las novias? ¡A ver si traes ya alguna!”, le decían los mayores. “No tengo novias, tengo amigas”, contestaba él. Cada vez sentía más presión, pero no estaba dispuesto a contar nada. Se inventó que le gustaba tal o cual chica. Incluso se lió con un par de ellas. Pero eso no le llenaba. Estaba claro que le gustaba la lactancia, pero no de la forma tradicional.

Durante esos años comenzó a fumar, a beber y a salir de fiesta. Se le iban los ojos hacia cualquier chaval que más o menos estuviera decente. Pero siempre con disimulo. Hasta que un día se cansó de esconderse y se liberó. Se echó a un madurito como novio estable, se convirtió en una persona romántica y cariñosa (con mucha clase además), pero sexualmente se volvió la más perra de todas la perras que habitan en la Tierra. Las posturas más insospechadas, los lugares más extraños, los vicios más perversos... No hay quien lo pare ahora.

Por supuesto, se volvió cool. Se transformó en una marica de pueblo universitaria y moderna. ¡Por fin encontraba una tribu urbana que lo aceptaba y lo quería!

Y hasta hoy...

Aquí podréis seguir su vida paso a paso, pues también se volvió exhibicionista en ese aspecto. Quien ríe el último, ríe mejor.

8 Comentarios:

PasaelMocho dijo...

Pues hola y .... SUPERPRIMERRRRRRRR

Pueblerino Cool dijo...

¡Ohhh! Es un honor para mí que mi admirado Mocho, al que tantas veces he leído en el anonimato, me estrene los comentarios del blog.
¡Gracias! ;)

yadwhiga dijo...

Este blog me parece una iniciativa muy interesante... ¡Lo seguiré con interés!

Muchos saludos

Pueblerino Cool dijo...

Joder, nena, qué profunda te has vuelto!

Te crees la Maldonado? xD

yadwhiga dijo...

Mejor que la Maldonado, e incluso que nuestro querido dios del periodismo "Iñaqui", como es conocido en algunos círculos xD

Miguel Ruiz dijo...

Buenas Pueblerino Cool, te devuelvo la visita y me parece un relato tremendamente sincero. Me alegro de tu visita y conocerte mas de cerca

Pueblerino Cool dijo...

Más me alegro yo de haber conocido tu blog, me parto con todas tus entradas.

¡Encantado!

Juan dijo...

Jajaja, lo he leído y tenía que comentarte, pero que bueno, por dios! me encanta todo lo escrito, es para enmarcarlo.

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¡Ya sabes, mari, controla un poco esa boca!
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